sábado, 10 de marzo de 2012

Ex


Las nuevas normas de ortografía de la RAE han resultado activamente controvertidas. Tanto, que hasta el académico Marías (http://elpais.com/diario/2011/01/30/eps/1296372420_850215.html) las discute. De todas las modificaciones, la que me resulta más inquietante, por su agresividad gráfica, es la relativa al adjetivo o prefijo "ex", con el significado que tiene en fórmulas como "ex marido", "ex primer ministro", etc. 

No es fácil encontrar el texto de estas normas. Las que ofrece la paupérrima versión on line del Diccionario Panhispánico de Dudas no se puede saber de cuándo datan, porque se indica que la primera edición es del 2005 pero se advierte que está en proceso de adaptación, y no he podido hallar nada mejor que informaciones de segunda mano, como las de la Fundación del Español Urgente (institución patrocinada por la agencia EFE y el BBVA). Según pudimos comprobar gracias al "caso Soca", la Academia y sus brazos editorial-financieros son muy escrupulosos guardando los contenidos de sus obras; no es casual entonces que no tengamos acceso a las fuentes originales. El criterio RAE antiguo era el siguiente:
ex. (de ex, prep. lat.) 
1. adj. Que fue y ha dejado de serlo.
2. com. Persona que ha dejado de ser cónyuge o pareja sentimental de otra.
 "Ex", en la primera acepción, es un adjetivo; en la segunda, un nombre (común en cuanto al género). Cabría observar que como adjetivo es un tanto anómalo, ya que no admitiría posponerse al sustantivo que modifica ("ex marido", pero no "marido ex"). Es una partícula separada, pero poco independiente. Curiosamente, en el Panhispánico de Dudas (integrado on line al DRAE, de donde proviene lo anterior y con el cual debería estar de acuerdo) el enfoque es diferente:
ex. 1. Prefijo autónomo de valor adjetivo, procedente de una preposición latina, que se antepone a sustantivos o adjetivos con referente de persona para significar que dicha persona ha dejado de ser lo que el sustantivo o el adjetivo denotan. Se escribe separado de la palabra a la que se refiere, a diferencia del resto de los prefijos, y sin guion intermedio: «Mi hijo no se fue solo, sino con su padre y mi ex suegra» (Díaz Piel [Cuba 1996]); «El ex alto cargo de Obras Públicas aseguró que con su misiva solo pretendía agilizar procedimientos administrativos» (Mundo [Esp.] 5.10.96). No se recomienda su empleo antepuesto a sustantivos o adjetivos referidos a cosas: «Presidenta del comité de mujeres de esta república ex soviética de Asia Central» (Mundo [Esp.] 23.8.95); «Las mayores incertidumbres las plantea la ex URSS» (Puyol Migraciones [Esp. 1993]). En ese caso es preferible el uso de adjetivos como antiguo, anterior, o de adverbios como anteriormente: esta antigua república soviética, esta república anteriormente soviética, la antigua URSS. Se escribe siempre con minúscula, aun cuando acompañe a sustantivos escritos con inicial mayúscula. No debe confundirse con el prefijo inseparable ex- (‘fuera’).
Se escribe igual, pero ahora es prefijo, y además, "autónomo". Una autonomía relativa. Parece que esa inconsistencia es lo que molestaba a los humoristas de la Academia y por eso decidieron que había que acoplarlo con el elemento que modifica. El resultado es una serie de palabras curiosas como exfutbolista, exesposa, exjuez, exalcalde, y algunos homónimos nuevos como exactor (recaudador de impuestos y ex histrión) o expreso (explícito y ex presidiario). Un problema más grave aún sería la distorsión lógica que se produciría con los compuestos como "primer ministro" o "director ejecutivo". Esta dificultad se me hizo patente al leer una noticia sobre el general Noriega, al que se referían como el "exhombre fuerte de Panamá". Aquí "ex" parece modificar sólo a "hombre", de manera que se nos induce a pensar en un ex hombre (sea esto lo que sea) al que se caracteriza por su fuerza. También encontramos "el exministro y exalto representante de la Unión Europea Javier Solana" (http://www.europapress.es/nacional/noticia-personalidades-politicas-allegados-acuden-capilla-ardiente-peces-barba-20120725082010.html). Sin embargo, felizmente, de algún lugar ha salido una norma general para los prefijos que permite superar el inconveniente:
prefijos (escritura)
Los prefijos se escribirán unidos a la base léxica cuando esta consta de una sola palabra y separados cuando sean más: exministro, vicepresidente, antivirus, ex capitán general, pro derechos humanos, etc. (http://www.fundeu.es/resultados-busqueda.html)
 No sé de cuando es esta regla pero los periódicos no están muy seguros sobre ella:
«No tienen fundamento». Eso declaró ayer el ex primer ministro islandés, Geir H. Haarde, en el juicio que comenzó ayer en su contra. (ABC, 6-3-2012)
El exprimer ministro islandés Geir H. Haarde afronta hoy el inicio del juicio en el que se le acusa de negligencia (El País, 5-9-2011)
Islandia se ha arrogado el mérito de ser el país pionero en sentar en el banquillo de un tribunal a un exprimer ministro (El Periódico, 6-3-2012)
Como consecuencia de la confusión que nos producen las decisiones de la RAE, institución a cargo de humoristas gráficos, periodistas o actores (ya es hora de que se incluya algún mediocampista), uno necesita elaborar algunas meta-reglas acerca de como conducirse con respecto a la ortografía, es decir, reglas pragmáticas:
1- Si el usuario del castellano no tiene que rendir cuentas a nadie, escriba con arreglo a las normas que más le gusten (J. R. Jiménez no usaba la "g" y obtuvo el Nobel).
2- Obviamente, si es empleado, siga las normas de su empleador.
3- Si es profesor de castellano en cursos de adultos, enseñe las normas de la RAE con filosofía, o sea, relativizándolas.
4- Si es maestro de primaria y tiene escrúpulos, enseñe matemáticas.





martes, 6 de marzo de 2012

La discriminación lingüística

Hay desde hace un tiempo un debate abierto sobre la supuesta discriminación de la mujer que, según se denuncia, quedaría inscrita en las formas del castellano. En particular, las referencias genéricas a un colectivo, que solemos hacer empleando el masculino, se consideran manifestaciones de machismo profundo, criptomachismo, digamos. No debemos decir, por ejemplo, "los españoles votaron al PP", sino "los españoles y las españolas votaron al PP"; si no hacemos la aclaración parece que hay gente que va a entender que nos referimos sólo a los hombres. En algún lugar se alegó que una niña en la escuela no había comprendido una instrucción dirigida a "los alumnos", porque creyó que se hablaba solamente a los varones. Si esto no es una broma de la niña, es probable que la discriminación lingüística no sea el más grave de sus problemas. 

No creo que ningún hablante del castellano tenga dificultad para distinguir los casos en los que se habla de todo el grupo de aquellos en los que se habla sólo del sector masculino. La alternativa de adjuntar paritariamente la referencia a los hombres con la referencia a las mujeres es menos económica y puede dar lugar a casos extraños. ¿Cómo hablará de sus hijos una madre de dos varones y una chica? ¿"Mis hijos y mis hijas"? ¿"Mis hijos y mi hija"? ¿"Pedro, Juan y María"? Por otra parte ¿se nos permitirá al menos el machismo zoológico? ¿o tendremos que hablar, legos y especialistas, de "leones y leonas", "pájaros y pájaras" o "lechuzas y lechuzos".

Quienes se preocupan por el machismo en el idioma podrían exigir una revisión de los géneros asignados a ciertos objetos o conceptos. "Sol", objeto que brilla con luz propia, es masculino, y "luna", satélite opaco y nada brillante, es femenino. Entre los abstractos, "miseria" es femenino y "éxito" es masculino. ¿Casualidad?  El debate podría alcanzar proporciones surrealistas.

En muchos casos el problema no debería plantearse. Por ejemplo, cuando se habla de jueces. Aunque el plural sigue funcionando con el mismo artículo masculino ("los jueces", con significado genérico), no habría problema en decir "el juez" y "la juez" según el caso, sin alterar el sustantivo singular. Pero hay que decir "jueza". Lo mismo con los participios: bastaría con "el presidente" y "la presidente". Lo que se exige, sin embargo, es "presidenta".

Una cosa curiosa es el hecho de que esta discusión corra por cuenta de filólogos. Eso en el mejor de los casos, porque los que hacen más ruido son siempre los políticos. Y las políticas. Algunas. Algunos. Lo que uno se pregunta es si no deberían hablar del asunto los psicológos y las psicólogas o los antropólogos y las antropólogas, ya que el supuesto básico es que los patrones de opresión lingüística se relacionan con estados de cosas análogos en la conducta de las personas, hipótesis que no tiene nada que ver con la filología. Algunos parecen pensar que el machismo social concreto es causado o propiciado por estos patrones del lenguaje. Y si bien es absurda la idea, es lo único que daría sentido a esta "depuración" que se pretende, porque, si la cosa es al revés, si es el machismo real el que da lugar a un reflejo verbal (más probable que lo otro), lo oportuno sería luchar directamente contra él y no contra sus supuestas consecuencias.

Lo cierto es que estas discusiones e investigaciones suponen un medio de vida para más de un académico y más de una académica, financiados con partidas provenientes de presupuestos oficiales. Cabe esperar que siendo tan absurdos los argumentos y tan pobres los motivos, el asunto no prospere fuera de las poses de algun@s progresistas. La mayoría supongo que seguiremos hablando y escribiendo en este castellano patriarcal y políticamente incorrecto.

Una vez demostrada la opresión lingüística, ya se puede reeducar mediante manuales